Lidren (neko_90) wrote,
Lidren
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Días 10 y 11

I.

Comunidad: menteoriginal    
Fandom: Original (Apuestas)
Prompt: Abrazo
Palabras: 1198


I. Cinco palabras mágicas

II. Pensamientos y vacaciones de verano

Era sábado por la tarde y habían pasado 20 horas desde que había besado a uno de sus mejores amigos. Y no era algo normal. No el haber besado a uno de sus amigos -que tampoco- si no que llevara la cuenta exacta de las horas que hacía que le había besado. Aunque sería más preciso decir que la cuenta le llevaba a él y que no podía deshacerse de ella. Era como si tuviera una consciencia constante de lo que pasó. No podía quitárselo de la cabeza y aquello empezaba a ser realmente desesperante.

Quizá era por esa misma desesperación por la que se había dirigido, nada más salir de casa hacia la piscina municipal. La noche anterior había habido fiesta, así que seguramente todos sus amigos estarían con una resaca enorme. Por suerte y por desgracia, tenía una tolerancia al alcohol bastante grande, así que en lugar de resaca solo tenía un leve dolor de cabeza y una ligera confusión sobre la totalidad de lo que pasó la noche anterior. Recordaba algo de una discusión con Anne y un intento de reconciliación después... Aunque no salió demasiado bien. Sabía que tendría que disculparse con ella, pero ahora su prioridad era otra. Y es que quería saber si aquel beso también traía de cabeza a Aidan. Por eso se dirigía a la piscina. Sabía que durante el verano trabajaría allí. O eso esperaba.

El recinto estaba casi desierto. Sabía que no habría mucha gente, pero no esperaba que estuviera tan vacío... Localizó lo que sería la zona de bar justo antes de empezar a buscarle a él. Había varios camareros, la mayoría, jóvenes. Entonces le vio. Estaba en una esquina, un poco apartado. Y le estaba mirando. Bien, al menos así no tendría que llamar su atención.

Mientras se acercaba, pensó en qué le diría. Hola, ¿Recuerdas el beso que nos dimos hace exactamente 20 horas y 40 minutos? ¿Tú también llevas la cuenta exacta del tiempo que pasó? quedaba un tanto ridículo, así que tenía que buscar una excusa mejor. ¿Y si decía que iba buscando a los del grupo? Sonrió. Eso servía.

-¿Has visto a alguno de los chicos? Supuse que estarían aquí, pero quizá es que se han ido a otro lado.

Pareció un poco decepcionado al oír la pregunta. Quizá había esperado que preguntara directamente sobre el maldito beso.

- ¿A los chicos? No, no los he visto. He imaginado que estarían cada uno en su casa aguantando la resaca después de la merecida fiesta que seguro que tuvisteis.

Fiesta que tú te perdiste, por cierto. ¿Qué hiciste mientras tanto? Le habría gustado preguntarle. Pero se contuvo en el último momento. A parte de la decepción que había captado momentos antes, no parecía estar nervioso por estar hablando con él o algo por el estilo. Quizá incluso se había imaginado aquella decepción. Tenía que marcharse antes de hacer el ridículo.

- Oh, claro. Bueno, voy a ver si veo a Anne -¿De dónde había salido eso? De todos modos, no era mala idea-. Tengo que hablar con ella. Nos vemos mañana -Espero-, supongo.

Antes de poder darle tiempo a contestarle, salió de allí. No parecía haber cambiado nada. Quizá se estaba obsesionando con algo que no era para tanto. Sólo ha sido un beso, se repetía. No había sido para tanto. Si dejara de repetírselo cada dos minutos era posible que llegara a creérselo.

Había dicho que iba a ver a Anne, pero no podía presentarse solo en bañador, así que pasó antes por su casa a cambiarse. Cuando llamó al timbre, fue la misma Anne la que salió a recibirlo. Tenía el pelo revuelto y estaba pálida. Parecía que acababa de levantarse. Además, no parecía muy contenta de verle. Se habría acercado a besarla, pero su mirada decía que si lo intentaba, se arrepentiría.

- Buenas tardes.

- Buenas tardes. ¿Qué quieres? -No hablaba muy alto y cuando lo hacía, ponía una mueca en su cara, como si le doliera la cabeza con solo el esfuerzo de pensar.

- Hablar contigo sobre lo que pasó anoche. Pero viendo como estás, no sé si es...

- Pasa.

Entró en su casa y la siguió hasta el salón. Únicamente llevaba una camiseta, que seguramente utilizaba de pijama y que le dejaba las piernas al aire. Seguía fijándose en sus piernas cuando empezó a hablar, muy bajito.

- Cuando quieras, puedes empezar a hablar...

¿Hablar? Oh, sí, hablar...

Y hablamos. Le pidió disculpas por haber estado enfadado con ella y por intentar arreglarlo con un par de besos. Pareció perdonarle aunque aun sonaba un poco molesta cuando le preguntó por qué se había enfadado si no era con ella. Quiso contestarle, pero no lo sabía. No sabía por qué se había enfadado ni por qué lo había pagado con ella. Pero ella no le creyó cuando dijo eso, aunque no comentó nada más que Cuando quieras, ya me lo dirás y se acurrucó en sus brazos. Al parecer no estaba tan enfadada como quería hacerle creer...

No oía ruidos en la casa y le preguntó si estaba sola. , me contestó. Mis padres han salido a comprar no sé qué cosa para la cena. Tardarán un rato. Acercó su rostro al de ella, alerta de cualquier señal de rechazo. ¿Ah, sí?
Un beso. Dos. Se acerca.

Sí.

Tres besos. Cuatro. Cada vez más seguidos. Los besos van en aumento, sus manos se enredan en el pelo de ella. El tiempo no importa. Aquello no estaba planeado, pero ahora que está pasando, no va a desaprovechar la oportunidad. Sus manos vagan por su cuerpo, por encima y por debajo de la camiseta. Acariciando sus piernas. No es la primera vez, pero tampoco son unos expertos. Sin darse cuenta, se encuentran tumbados, abrazándose y besándose con pasión. La ropa sigue puesta, pero no por mucho tiempo.

Pero es entonces cuando la conciencia está baja que el inconsciente ataca. Es entonces cuando, sin querer, se imagina que no son aquellos labios los que está besando, si no los de alguien con un pelo mucho más corto. Se lo imagina y disfruta. Pero se da cuenta y para. Porque eso no puede ser. No puede ser que estuviera pensando -imaginando, soñando- esas cosas estando con ella.

Se aparta, espantado por sus propios pensamientos. La puerta se abre y dos personas entran. Los padres de ella. Ella se sienta y se levanta para saludar a sus padres. Él intenta hacer lo mismo. Sonreír y disimular igual que ella, pero cree que no lo consigue del todo bien. Como puede, aun confuso, escapa de allí. No podría mirar a Anne a la cara después de lo que había pasado. Aunque tendría que disculparse por ello luego.

Cuando se despidió, ella no pareció notar nada. Su pelo, negro y no marrón, seguía estando revuelto, igual que cuando había llegado, pero ya no estaba tan pálida. Y sus ojos, azules, no marrones, sonreían. No estaba ni enfadada ni extrañada. Algo realmente curioso. Pero tenía que irse de allí, porque si no sabía aun lo que le había pasado, si no sospechaba nada, se lo acabaría contando él.

Y ya habían pasado 22 horas.


II. & III.

Comunidad: drabble_diario    
Fandom: Card Captor Sakura
Claim: Kero | Tomoyo
Palabras: 99 | 100

 
Estaba aburrido. Mortalmente aburrido y sin compañía (Ni Sakura, ni Spinel...) ¡Se había pasado todos los videojuegos varias veces!
No podía salir porque Sakura se lo había prohibido; no podía pasear por la casa porque siempre estaban o su padre o su hermano... Tan solo podía estar en esa habitación, dando vueltas, encerrado.

Cuando vivía con el amo Clow como mínimo tenía un jardín enorme por el que correr. Y las cartas jugaban con él. Ahora eso no podía ser porque cualquier tipo de juego habría alertado a los demás habitantes de la casa.

Si como mínimo tuviera comida...

 
Estaban en el parque, contemplando a los niños jugar. Hacía un par de años que Shaoran había vuelto de China. Y ahora, estaba con Sakura. Se alegraba por ellos. Así ella podía verla feliz y sonriendo todos los días, con aquella alegría resplandeciente que lo iluminaba todo.

- Tomoyo, ¿Por qué no sales con nadie?

Al momento, las mejillas de Sakura se pusieron coloradas mientras balbuceaba disculpas por la pregunta. En realidad, sabía que no tenía ninguna mala intención al preguntar eso, así que le contestó la verdad.

- Porque yo ya estoy enamorada de alguien.

Aunque sea un secreto.

IV.

Para: kirinae_vydreus   
Fandom: Original
Palabras: 772

 
El mar. Un amanecer. Un acantilado. Sencillo, trágico y clásico. Era la manera perfecta. Lo había pensado muchas veces, pero nunca tan firmemente como ahora. Algún día de estos, me tiraré. Otras veces lo había intentado, pero no había conseguido ir demasiado lejos. Al principio, en los primeros intentos, se acobardaba. A veces, era que alguien la descubría e impedía que siguiera adelante. Las demás, simplemente se quedaba sobrecogida por la belleza de lo que veía y se quedaba admirando el paisaje hasta que era demasiado tarde. Pero sabía que aquel día no pasaría. Aquel día se tiraría y su sufrimiento se acabaría para siempre.

Nadie entendía por qué lo hacía, aunque había intentado explicarlo muchas veces. No era un dolor físico. Estaba muy bien de salud. Toda su vida lo había estado. Simplemente era que la vida había dejado de tener sentido. Aunque cuando lo decía, la gente decía que no era para tanto. No la comprendían. No sabían lo que era despertarse día tras día, en un lugar dónde nadie te aprecia, siguiendo una rutina absurda. Dónde no te dejan hacer nada que pueda alterarte lo más mínimo porque podría ser peligroso. No puedes hablar, ver la televisión, leer ciertos tipos de cosas -las más interesantes, claro- y a veces, incluso salir a pasear está prohibido. Cuando lo único que puedes hacer es estar sentado mirando a una insípida pared blanca mientras esperas a que sea tu turno de la cena. Aunque eso era solo una parte del problema. Si al menos tuviera alguien por el que vivir, soportaría el tedio de estar allí. Pero sabía que no había nadie.

Sus propios hijos los habían llevado allí -a ella y a su marido-, a aquella residencia cerca de la costa, cuando habían empezado a ser una carga. Al principio estaba bien, podía charlar con Lance tranquilamente, aunque no pudieran pasear a causa de su artritis. Sabía que ese era el motivo por el que ahora estaban allí. A ella le había parecido injusto que sus propios hijos los abandonaran allí -ya que desde que les llevaron no habían vuelto a saber de ellos, muy a su pesar-, pero había aguantado con Lance hasta el final. Hasta su final.

Cuando él murió, todo se acabó. No podía hacer amigos, el tiempo que había estado allí solo se había preocupado por Lance, nunca por el resto de personas y nunca se le había dado bien empezar a conocer a personas. A diferencia de la mayoría de los habitantes allí, ella no tenía ninguna dolencia. Para ella aquella era una jaula, una cárcel de blancas paredes. Poco a poco se fue deprimiendo. Las ganas de vivir le abandonaban. No quedaba nada allí por lo que mereciera la pena quedarse. Lance se había ido y estaba claro que sus hijos no querían saber nada de ella. Sus hijos y su marido. Las cosas que más quería en el mundo.

Entonces, un día lo descubrió. Una de las enfermeras había salido a hacer un encargo y se había dejado la puerta abierta. Aprovechando la ocasión, se escabulló para poder descubrir los parajes que rodeaban aquel lugar. Vio que, sí, cerca había una cala muy tranquila. Pero siguió caminando y vio algo más. Un acantilado. En cuanto se acercó y miró al vacío, algo la impulsaba a seguir a aquellas olas. En aquel momento estuvo a punto de hacerlo, pero una de las enfermeras se había percatado que no estaba en el centro y llegó antes de que pudiera hacerse daño. Unos segundos. Unos segundos habrían bastado para acabar con todo.

De vez en cuando, se volvía a escapar. Pero nunca conseguía tirarse. Había algo que la retenía más fuerte que las ganas de unirse con el mar. A veces, volvía sola a la residencia, sin que se dieran cuenta de que no estaba allí, derrotada por su propia cobardía. Otras, la mayoría en realidad, la cogían antes de que pudiera hacer nada. Pero aquel día era diferente. Ahora estaba segura de que nadie iría a buscarla. Y no tenía miedo. Estaba decidida a acabar con aquello. Con todo. Con nada. Porque eso era lo que le quedaba, en realidad.

Se asomó. Era una gran altura. Aun no se acababa de creer que fuera a hacerlo. Porque quería hacerlo. Pensó en todo lo que la esperaba después. ¿Qué habría? ¿Oscuridad? ¿Encontraría a Lance? No lo sabía, pero tampoco le importaba. No podía ser peor que aquello.

Avanzó un paso. Dos. Notaba el aire, la brisa marina. Veía la luz del sol detrás de sus párpados cerrados. Unos cuantos pasos más.

Y entonces, ya no sintió nada.


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Tags: f-card captor sakura, f-original, quinesob
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